Esta semana una pieza salió de México. Hoy cuelga en una pared en Chula Vista, California.
Cuando alguien mira un textil como este, casi siempre pregunta lo mismo: ¿qué color, qué material, qué tamaño?
Creo que esas son las preguntas que menos importan, pero las primeras o incluso las únicas que todo el mundo hace... todo el tiempo.
La pregunta que importa y en mi opinión es lo que más importa es: ¿cómo va a vivir en tu casa?
¿Quién lo verá cada mañana? ¿En qué pared? ¿Qué sentirás al pasar a su lado? ¿Qué dice de ti a quien cruza tu puerta?
Un textil no decora un espacio. Lo habita contigo.
Puedo darte una descripción simple de la pieza de la semana:
Es bordado otomí.
Viene de Tenango de Doria, Hidalgo.
Está hecho a mano sobre tela de algodón, con hilo de algodón.
Tomó una semana de trabajo.
La mano que lo bordó eligió cada figura. No hay dos iguales.
Pero para mí lo importante es que: El textil entra en una habitación como si nadie lo viera, y todos se giran para mirarlo. Se recuesta, suspira y pide un café como si el mundo le perteneciera.
Este ya tiene dueño, en Chula Vista. Quedan pocos como este en la tienda y aún no he subido toda la colección.
Antes de elegir por color, pregúntate cómo va a vivir en tu casa.
Quedan pocas. Cada una está bordada a mano, una sola vez. Mira cuál va a vivir en tu casa
P.D. La pieza de Chula Vista no volverá, y ninguna otra lo hará. Cada una está bordada a mano, una sola vez. La que estás pensando hoy podría estar en la pared de otra persona mañana. Eso no es presión. Así es como funciona lo hecho a mano.